Aunque el otoño es mi estación favorita debo reconocer que todas tienen su encanto. Pero los constrastes más hermosos sólo pueden apreciarse en los últimos meses del año. Hoy, por ejemplo, caminando por las calles de A Coruña pude ver un espectacular paisaje: un reluciente arcoiris acariciaba el mar y el cielo mientras la lluvia caía suavemente bajo los cálidos destellos del sol. Al fondo, con toda su majestuosidad, la Torre de Hércules. Maravilloso. Pero no siempre hay un arcoiris para alegrarnos la pupila. La lluvia y el frío acompañaron la agonía de Noviembre.
¿Cuál es la peor pesadilla de alguien que le teme frenéticamente a las agujas? La respuesta es muy sencilla: una curva de glucosa. Claro que este no es un término común, pocas personas saben que es una curva de glucosa, yo, por lo menos, en mi vida había escuchado semejante término pero lo aprendí hace poco, junto con otro que tampoco olvidaré con facilidad: Test de O´Sullivan. Ambos están relacionados con la extracción sanguínea. Son pruebas para detectar la aparición de diabetes gestacional, es decir, diabetes durante el embarazo.
Sin duda el embarazo es una etapa increíble de la vida, donde las emociones están siempre a flor de piel. Cuando supe que estaba esperando un hijo el corazón me dio un vuelco y experimenté una sensación indescriptible. Mes a mes fui notando los cambios y disfrutando más de ese pequeño ser que crece todos los días en mi interior. Todo iba bien hasta que un día uno de los análisis de control mostró un resultado no esperado, mi glucosa estaba alta. Ante el riesgo de diabetes, me dijeron que debería hacerme el Test de O´Sullivan. Así que una mañana, en ayunas y con los nervios a flor de piel, acudí al ambulatorio donde después de tomar 50 ml. de glucosa en estado (casi) puro con un insoportable sabor a naranja, me extrajeron sangre para hacer el test. Resultado: positivo.
A los pocos días me llamaron del materno para notificarme que debía hacerme una nueva prueba: la curva de glucosa. Y que para ello debería disponer de al menos 4 horas libres. Acudí pues al hospital, nuevamente en ayunas y nerviosa, para encontrarme con un grupo grande de mujeres, todas nerviosas, todas embarazadas, que esperaban impacientes que comenzara la prueba.
Así que haciendo acopio del poco valor que me quedaba, entré con resignación a enfrentarme con la aguja y con todos mis temores de infancia. Una a una nos fueron pasando con la enfermera encargada de extraer la primera porción de sangre. Posteriormente nos dieron a tomar 100 ml. de glucosa (esta vez con sabor a limón, un poco más soportable), con la advertencia que no podíamos vomitar la espesa bebida, indicación que ignoraron 2 de aquellas mujeres que me acompañaban en esta nueva experiencia. Las pobres no soportaron tanta dulzura y tuvieron que regresar a casa para volver quizás otro día.
Tras tomar la dulce bebida esperamos una hora, inactivas, sentadas o acostadas según la preferencia de cada una. Sentí de pronto que la cabeza me daba vueltas, que no podría soportar mucho más. Pero el abrazo de mi esposo que no se apartó de mí me hizo sonreir y tolerar. Transcurridos los primeros sesenta minutos de espera, una nueva extracción de sangre. En mi caso tuvo que ser en el mismo brazo pues, mi brazo izquierdo se negaba a dejarse extraer una gota del vital líquido. Así que los primeros moretones empezaron a aparcer. Tras la segunda hora de espera una extracción más, con el consuelo que sólo quedaba una hora de espera y una última extracción. Casi cuatro horas después salí del hospital con la cabeza dando vueltas y una terrible debilidad corporal, pero contenta de haber pasado ya por todo eso y con los nervios de esperar el resultado.
Al otro día, ya más recuperada, recibo una llamada telefónica del hospital para avisarme que debía hacerme nuevamente la curva de glucosa. El motivo: el día anterior, por causas desconocidas, habían tenido problemas con el centrifugador y se rompieron todas las muestras de sangre, por lo que había que repetir todo. Al principio pensé que era una broma, quise llorar de frustración pero me di cuenta de que sería en vano. No quedaba más que aguantar y volver al hospital a pasar otra vez por todo aquello.
Todo esfuerzo, todo sacrificio, cualquier extracción y el hecho de enfrentarse a mil agujas, todo vale la pena si se trata de que un pequeño que apenas nacerá esté bien, esté a salvo. Lo peor ha pasado, pero los resultados no fueron favorecedores, así que una nueva curva está por venir, cuatro extracciones más y todo habrá terminado, por el momento. Sé que podré soportarlo, sé que tengo el valor suficiente de enfrentarme a todo por mi hij@. Sé que todo lo que haga por mi bebé es poco para agradecer a Dios el milagro de la vida.
Hace ya casi un año Lavozdegalicia.es lanzó una convocatoria para invitar a los internautas a participar enviando sus fotografías de las ya reconocidas «chapuzas gallegas». La iniciativa tuvo un éxito inesperado y a lo largo del 2007, fueron llegando sorprendentes, curiosas y divertidas imágenes. Mi favorita (y la de la mayoría de los internautas que envían su voto) es sin duda la del «muñeco diabólico»,que para efectos de esta convocatoria es identificada como desagüe gore.
Fue enviada por Cosme Damián Roma, quien tomó esta fotografía en el concello lucense de Chantada. Pese a que la imagen en vez de resultarme divertida me dio un poco de miedo, no puedo negar la originalidad al presentar este desagüe, como bien lo explica el autor de la foto «ao máis puro estilo das torturas medievais».
Si quieren entretenerse un poco pueden ver la galería de chapuzas gallegas, además no olviden que La Voz de Galicia os invita a elegir la chapuza más original, por lo pronto ya hay 15 finalistas.
En esta época de paz y amor, en que todos quieren hacer realidad sus sueños, hay personas dispuestas a cumplir los sueños de los demás. Según publica la edición on-line de La Voz de Galicia, el millonario letón July Krumish, motivado por una idea de la revista Private Dzive, decidió regalarle a un vagabundo «un día en el paraíso». Antes que nada llevaron a Alexandr Kuleshov, el afortunado vagabundo, a un salón de belleza. Posteriormente fue conducido al chlet del millonario donde vistió camisas de 600 dólares, fumó puros, saboreó selectas bebidas y jugó al billar con Krumish.
La intención de este «regalo», según la revista, era procurar que el vagabundo, alcohólico y sin dinero, tuviera un «objetivo que procurar en la vida». No sé que pensáis vosotros pero de motivación habrá muy poco, eso de insinuarle al pobre hombre que buscándose un trabajo podrá vivir como millonario… lo veo un poco difícil.
Kuleshov será pobre pero no es desagradecido, así que propuso a Kruminsh organizarle una excursión por los sitios más frecuentados por los vagabundos de Riga, la capital de Letonia, invitación que el millonario aceptó sin reparos.
Sólo espero que el «experimento» no tenga efectos negativos en Kuleshov en cuanto regrese a su cruel realidad. Tal vez le hubiera ido mejor si el generoso Krumish le hubiese obsequiado con un tratamiento de rehabilitación en alguna clínica privada.
Todavía recuerdo los almanaques de antaño, esos que traían divertidas fotos de gatitos, perritos, flores, paisajes, niños, coches. Pero eso quedó atrás, lo de hoy son los desnudos. No sé que le ha dado a todo le mundo por andar en cueros. Con el pretexto de las causas benéficas se quitan la ropa con suma facilidad y posan para el almanaque. Al parecer el fin es lo de menos, lo importante es lucirse. Así que el clásico calendario Pirelli cada vez tiene más competencia. Pero la cosa no queda ahí, los hombres también ponen de su parte (gracias) y lanzan sus calendarios.
Los gallegos no podían quedarse atrás y según publica esta tarde lavozdegalicia.es, el Club de Regatas de Perillo se unió a la ola exhibicionista con la intención de reunir fondos para ampliar su equipo… deportivo.
Después de los bomberos de Arteixo (que causó sensación en el aula), tal vez este almanaque valga la pena comprarlo, si no por los modelos al menos para apoyar una causa local. ¿Qué les parece?
Y por si alguien se prende les dejo el video de los famosos bomberos…
Bueno chic@s, nuestras sospechas han sido confirmadas por la encuesta de una farmacéutica alemana. Resulta que, tal como pensábamos, los hombres mienten mucho más que las mujeres.
Según la RAE, mentir es “Decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa“. Conociendo de antemano el significado del verbo (Ana y Paco se sentirán orgullosos de mí), podemos asegurar que si de mentir se trata, todos mentimos. En algún momento de nuestras vidas todos nos hemos visto en la “necesidad” de soltar una que otra “mentirijilla”, como dijera Flanders.
Y es que hay preguntas que no te dejan otra opción más que el oscuro camino de la mentira. Una de las más populares: “Me veo gorda”, pues hay que tener la sangre muy fría para responder: “Gorda, más bien gordísima”. Y como ésta hay muchísimas preguntas que no deberían hacerse, por el bien de los amigos y de la pareja.