Ayer subí a un autobús que tenía puesta la radio. Al principio no le di mayor importancia al programa emitido pero la melodiosa voz de la locutora captó mi atención y pude darme cuenta de que era de complacencias musicales con llamadas al aire. María, de Cambre, llamó para pedir una canción (Amor de hombre) para dedicarla a sus amigas de la residencia. «Es que se me han puesto celosas porque ayer llamé para dedicarle una canción a una vecina», añade la oyente.
La conductora anotó la petición y le aseguró que podría escucharla el próximo lunes. Considerando que era martes no pude evitar sonreír. ¿Qué motiva a una persona esperar siete días para escuchar una simple canción? ¿Es qué acaso no tienen algún disco en casa?
Después de unos minutos más de programa caí en la cuenta de que la mayoría de los radioescuchas eran personas mayores. No buscan música. Buscan compañía. La petición musical no es más que un pretexto. Una excusa. Un motivo. Un plan.
Sin duda alguna María esperará ansiosa el lunes para encender su radio, escuchar su canción y saludar a sus amigas de la residencia.
Esther, la locutora, es dulce y amable con cada uno de sus oyentes que, dicho sea de paso, la tratan con peculiar cariño. Anota una a una todas las peticiones y conversa un poco en cada llamada. En este programa el verdadero protagonista es el público. El menú musical es variopinto. En el transcurso de 35 minutos pude escuchar desde Black is black de Los Bravos hasta Abuelito dime tú de la banda sonora de Heidi, pasando por algún intérprete de operación triunfo y un par de orquestas medianamente conocidas. Pero la música es solo el pretexto.
El programa tiene sus seguidores y eso se nota con cada llamada. Los oyentes tratan con suma familiaridad a la conductora. Y ella hace lo suyo: regalarles un rato de protagonismo y un poco de compañía. Enhorabuena Esther.