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 La niña que ven en la foto se llama Ghulam y tiene 11 años. Contrario a lo que puedan pensar no posa junto a su padre sino junto a su marido, de 40 años. Esta imagen  que dió la vuelta al mundo, fue realizada por la fotográfa estadounidense Stephani Sinclair y ha sido reconocida hoy en Berlín como mejor fotografía del año  por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia UNICEF, según una nota de la agencia EFE publicada esta tarde en la edición on-line del país.

           Esta imagen se seleccionó entre otras 1.230, por su denuncia de una práctica común en países como Afganistán, Etiopía y Nepal, lugares en lo que las familias casan a sus hijas adolescentes con hombres que puedan “pagarlas”. En el caso de Ghulam su padre se justifica afirmando que «casó» a su hija porque «necesitaba el dinero para mantener al resto de la familia».

           A pesar de que son costumbres que forman parte de una cultura compleja, considero que realizar esta compra-venta resulta aberrante, especialmente para estas niñas a quienes se les impone un destino, que tienen que aprender a llevar un hogar y satisfacer a su marido.

          No sé que piensen ustedes, pero no estoy de acuerdo con estas prácticas. La infancia debe ser protegida incluso de sus mismos progenitores. Hay casos en los que  las menores son entregadas en matrimonio para saldar una deuda de juego de su padre o mentor. Y por si fuera poco, pasan a formar parte de un háren donde se convierten en la novedad de un aprovechado.

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